En un país muy lejano existió hace mucho tiempo una oruga de color verde y puntos rojos. Era una oruga triste porque se sentía fea. Cada vez que se miraba en el reflejo del charco de agua encontraba que era gorda y arrugada. Para sentirse mejor decidió emprender un gran viaje por el mundo para encontrar un animalito lindo y en éste poderse transformar.

oruga triste

Caminó y caminó hasta que se encontró con unas hormigas, estas estaban trabajando, llevando comida a su hormiguero. "Hormigas, que lindas, quisiera ser como ustedes" dijo la oruga. "Para ser como nosotras necesitas trabajar", respondieron las hormigas. Las hormigas invitaron a la oruga a trabajar. La oruga trató de alzar los diferentes alimentos y se dio cuenta que eran muy pesados para ella. "Qué triste, creo que no puedo ser una hormiga", dijo tristemente la oruga.

hormigas


Siguió caminando por el mundo y de pronto se encontró con las abejas. "¡Que hermosas!". Exclamó. Estaban todas volando, recogiendo néctar de las flores, volaban y cantaban. "Hola abejitas, quisiera ser como ustedes", dijo la oruga. "Para ser como nosotras necesitas recoger néctar de las flores y llevarlo al panal". La oruga intentó una y otra vez sacar de una flor su néctar, pero cada vez que lo intentaba su cabeza se quedaba atascada. No tenía las antenas ni las patas delgadas. "Qué triste, creo que no puedo ser una abeja", murmuró triste la oruga. 

abejas

Siguió caminando y caminando en busca de otro hermoso animalito al que pudiera imitar y se encontró con las lombrices, no eran hermosas pero eran divertidas. Metían sus cuerpos en la tierra sacando sus cabezas, se deslizaban suavemente sin hacer ruido, se abrazaban unas con otras. "Quisiera ser una lombriz", dijo la oruga. "Para ser una lombriz necesitas divertirte en la tierra" dijo una de ellas. Entonces la oruga se metió de cabeza en la tierra pero al rato salió tosiendo y escupiendo piedras y arena –"¡Cof, Cof, Cof! ¡no es divertido! Exclamo. "No puedo ser una de ellas".

lombrices


Siguió así caminando durante mucho tiempo encontrándose con diferentes animalitos. No tenía los colores de la mariquita, ni la cola del escorpión, no podía caminar como un ciempiés, ni saltar como un grillo. "¡Qué tristeza, nunca encontraré la felicidad!!" Se decía a sí misma.


Un buen día mientras caminaba sobre una hoja se tropezó con una oruga feliz, una anaranjada, gorda y hermosa oruga. La oruga de color naranja solo comía y sonreía, comía y sonreía. "Quiero ser tan feliz como tú!!" Le dijo la triste oruga a la anaranjada. "Si quieres ser feliz solo tienes que mirar dentro de ti. Has lo que te gusta y disfruta lo que eres". Le explicó.

oruga naranja


La oruga escuchó las palabras de su amiga. Comió y comió y comió todo el día... ese día disfrutó de la comida y se acostó a dormir sintiéndose feliz. Estaba haciendo lo que más le gustaba, comer. Feliz por ser oruga y no hormiga, ni abeja, ni mariquita, ni lombriz.

oruga comiendo


Al día siguiente se levantó muy contenta, ya era una oruga feliz. Se miró en el charco y observó el reflejo de una hermosa mariposa dorada.

mariposa

 

Reflexión: Cada persona es diferente y esto la hace muy especial. No debemos parecernos a nadie para aceptarnos ni para que nadie nos acepte. Encontramos la felicidad cuando nos aceptamos como somos.

 

Autor: Ana María Lora Torres

Canal de Youtube: Ana Te Acompaña en Casa

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Psicóloga - Maestría en Neurociencias- Directora de Ludik