Hijos Fracasados, Madre Fracasada... En nombre del Amor me Impongo.

Fluye y déjalo fluir

LA FAMILIA: UN EQUIPO

Estábamos ahí sentados, unos enfrente a otros, todos los miembros de este equipo, así fue como nos invitó a llamarnos la psicóloga, quién a su vez pidió que la viéramos como el entrenador. Todos con expectativas, muchas expectativas.  

La presentación

Cada uno de los miembros del equipo tuvo un corto tiempo para hablar, contar sobre lo que le gustaba y lo que creía se haría en ese espacio. Indudablemente los padres, es decir el papá y yo, teníamos una aparente claridad, pues como padres habíamos elegido estar ahí, junto con nuestros hijos, para trabajar en varios aspectos de la Crianza que nos estaban preocupando. 

Nuestros hijos, un niño de 7 años y otro de 10 años, tenían apenas una vaga idea, una que crearon de camino al consultorio cuando preguntaron, como es natural, sobre lo que haríamos. 

La psicóloga en cambio sí tenía una total claridad, no sobre lo que sucedería o cómo se construiría durante el tiempo de trabajo la dinámica familiar, si sobre su rol como Entrenadora de este equipo, como se llamó desde el primer momento.    

La Tarea

La psicóloga nos explicó: “Como equipo tienen un escudo, un símbolo que los representa y el que tienen que descubrir y representar juntos. Cada uno y de forma espontánea irá aportando algo a este escudo familiar a través del dibujo colectivo. La regla, nadie debe hablar”.  

Definiendo la dinámica a través del Arte

Todos sentados con una hoja grande enfrente y unos pasteles con muchas posibilidades de color.  

Yo tomé un pastel de color alegre, un amarillo brillante y busqué plasmar algo que representara belleza, amor y construcción.  Esperando tener el liderazgo y que todos los miembros del equipo se unieran; realmente es lo que intento hacer siempre como madre. ¿Qué madre no lo intenta? 

El papá, en este caso, mi marido, esperaba paciente mi primer trazo para unirse y construir complementando mi primer impulso. Suponía, en esta actividad, que los niños esperarían con paciencia a que les diéramos la pauta para luego unirse a lo que proponía yo como mamá con apoyo de papá.  ¡Este sería el escenario perfecto! ¿Quién no quiere este escenario de disciplina y obediencia? 

Y aquí es donde me encontré con que la teoría y los hermosos escenarios deseados, no son iguales a los escenarios reales. A este primer momento del ejercicio ingresó una mano pequeña a la obra sosteniendo un pastel de color oscuro y empezó a rayar, rayar sobre lo que yo como madre intentaba definir como el mejor camino para todos.  Luego y cuando sintió que existía un impedimento para de manera libre rayar, tomó otro pastel de color rojo y con un poco de rabia, siguió rayando. 

Yo, “madre creativa y heroína salvadora de las peores situaciones, creadora de perfección y constructora de positivismo” (así quisiera verme), tomé un pastel café claro y busqué crear desde las rayas fuertes y “rebeldes” del hijo un árbol, el que tracé hasta arriba de la hoja blanca. Salían ramas de un lado y otro del tronco grueso. Luego con un verde claro y alegre dibujé hojas y después flores.   Mi marido se unió a mi propuesta y alimentó con ánimo este árbol con más hojas hermosas y flores de colores. 

¿Guerra de poder?  

Sigue la mano pequeña de mi hijo tomando pasteles de colores fuertes, cafés y rojos. Luego cuando encontró que el color de sus rayas se perdía en el árbol, tomó el negro y rayó con mucha fuerza. Brotaron muchos sentimientos de rabia, rebeldía, tristeza, aposición y negativismo.  Sentimientos que nunca habíamos evidenciado con tanta claridad. En otras situaciones habían brotado, pero como padres y dando el control a las situaciones, poniendo los límites que nos enseñan a poner, no le habíamos permitido expresar con tanta libertad.  En algún punto de este dinámico momento yo miré a la psicóloga preguntándole si podía intervenir con control y autoridad. Ella con un gesto sutil nos indicó que lo dejáramos fluir. 

Títulos de la obra

Intentando Sembrar Amor I

Cuando la psicóloga nos pide que le demos un título a nuestra experiencia y a la obra yo lo titulo “Intentando sembrar amor”. Expreso frente al equipo como me siento como madre al intentar algo y no lograrlo…. Frustración. Y luego lo intento con más esmero.  “Me siento atropellada pues quería trazar un camino para todos hermoso y uno de los miembros me lo impidió”, expresé a todos.  Ahora leo nuevamente estas, mis palabras y encuentro gran egoísmo en ellas, mucho control y sobreprotección. Pues entre líneas digo “soy yo quien traza el camino, soy yo la que lo decido, espero que todos lo sigan y ninguno busque un camino diferente a este”. “Si se oponen lo impongo más fuerte”. Y me justifico “en nombre del Amor”.   

Intentando Sembrar Amor II

Uno de los miembros menores del equipo busca complacer a mamá, el solo siguió el camino tal cual, fue añadiendo al árbol hojas y flores. Buscó aprobación, buscó complacer, pero en el fondo se sintió inseguro, aun no se siente capaz de aportar algo propio a un Escudo Familiar.  En el momento de la elaboración de la obra fue tranquilizante para mi mantener el control, funciono bien…se veía todo muy organizado, yo trazando y el siguiendo. Pero me pregunto en este momento…  ¿Y cuando ya no esté conmigo al lado y deba inventar su propia obra?  ¿Estará preparado para trazar su propio boceto?  O tendré yo que seguir una y otra vez trazándole un árbol para que el florezca. 

Mamarracho

Así fue como le llamó a su Obra. Fue esta la obra de un artista que expresó en sus rayas sus sentimientos de inconformismo.  Manifestó claramente el no querer seguir el camino trazado por mamá, aunque fuera “hermoso y perfecto”. Y hoy me hace preguntar a mi como mamá “¿Qué es hermoso y perfecto?, ¿lo que para mi es hermoso y perfecto para el lo es?”. Dibuja, “que no está de acuerdo, que pide a gritos la libertad a rayas y colores propios”. 

Abstracto

Papá aporta una mirada diferente a la obra, aporta una forma de ver la realidad no desde el negro-blanco, bueno-malo, obediente-desobediente. Cuando debe darle un título el explica “Es una obra hermosa, cuando lo vemos desde otra óptica se ve con una gran combinación de trazos, todos diferentes, de colores, es todo un arte abstracto… y lo que veo es la posibilidad de construcción”.  Estas son palabras mayores… 

Mi reflexión 

Deseaba como madre trazar el camino perfecto para mi familia y esperaba que todos siguieran con juicio este camino. Pues yo creía que era lo mejor. Mi lógica: Camino perfecto, hijos perfectos y felices, mamá orgullosa y tranquila. Y en esta dinámica de artistas descubro que no se trata de trazar el camino perfecto y luchar para que se cumpla. Tal vez es más un permitir que ellos fluyan y cada uno trace su camino, no perfecto, solo el suyo. Y entre todos construyamos un algo llamado familia.   

Mis Miedos y el Control

En el fondo de mi corazón y solo hasta hoy brotando con claridad, encuentro que siento un gran temor y miedo a mi fracaso como madre (Hijos fracasados Madre fracasada), y es este miedo el que me lleva a querer mantener el Control. “Entre menos piensen ellos como hijos y más hagan caso, más probabilidades de que no fracasen y yo no fracasar en mi Crianza” … esa es la lógica del miedo y el control. Y las palabras mágicas para buscar que funcionara eran: “Los amo tanto que sé lo que es bueno para ustedes”. Yo como madre no quiero perder el control hacia ellos pues me aterra equivocarme, que se equivoquen, que nada se de cómo lo Trazado desde mi absurda lógica humana.  

Que aprendo Hoy

Debo dejarlos fluir, amar no desde el control, acompañar sin limitar, orientar y permitir a cada uno ser y brillar desde su esencia. Y yo brillar y fluir desde la mía.  La próxima obra de arte quisiera que se pareciera más a una Mándala. Cada uno le pone lo suyo, fluye con lo propio, le pone a la combinación lo que quiera y tenga para dar, y al final, no importa que tipo de mándala, es una Mandala Familiar.      

  

Ana María Lora- Psicóloga y Mamá

Ludikcenter

 

 

 

 

 

Psicóloga - Maestría en Neurociencias- Directora de Ludik